Redes sociales: El espejo negro y el susurro interno
A veces siento que estamos viviendo el experimento social más grande de la historia en tiempo real. No hizo falta quemar los libros para que dejáramos de leerlos; solo hizo falta ponernos un espejo negro frente a la cara y convencernos de que lo que brilla ahí dentro es más real que lo que sentimos aquí fuera.
Nos vendieron la idea de que para triunfar en redes había que mirar el "jardín de al lado". Si a tal persona le funcionó ese baile, esa frase o ese embudo de ventas, a ti también te tiene que funcionar. Y ahí vamos todos, como piezas de una maquinaria que no entiende de humanos, sino de algoritmos, tratando de copiar una autenticidad que, por definición, no se puede calcar.
El ruido del "Imperio"
Estamos rodeados de ruido, de información robada y de figuras que intentan construir imperios basados en el ego y el poder absoluto. Pero ese modelo se está agrietando. La gente se está cansando de los "fakes", de las promesas vacías y de entregarle el poder a unos cuantos que ni siquiera saben manejar el monstruo que crearon.
Las agencias a veces no pueden prometerte resultados no porque no sepan trabajar, sino porque la gente ya no quiere que le vendan; la gente quiere que la escuchen.
La verdadera fuerza: Escuchar hacia adentro
La autenticidad en redes sociales hoy tiene fuerza por una simple razón: lo falso ya no tiene el mismo valor. Nos estamos dando cuenta de que mirar afuera para llenar lo que nos falta adentro es una trampa circular.
Inspiración vs. Copia: Mirar al de al lado para aprender es sano; mirarlo para clonarlo es perder nuestra propia voz.
El negocio humano: Los que realmente van a sobrevivir a este caos son quienes escuchan a sus clientes, quienes buscan protegerlos y protegerse del ruido, y quienes entienden que cada camino es único.
¿Será suficiente con que unos pocos nos estemos dando cuenta? No lo sé. Pero lo que sí sé es que el primer paso para no perderse en el ruido es aprender a guardar silencio y escuchar lo que uno mismo tiene que decir, antes de que el algoritmo decida por nosotros.